Desde que el bueno de Fernando decidió que había otros equipos mejores que Renault en la F1, la suerte de la escudería francesa estaba echada. La avalancha de patrocinadores y seguidores alonsistas seguirían al ídolo allá donde fuese, aunque se dirigiese al mismísimo infierno.
Alonso le echó porquería encima a Ferrari, acusándoles de ser la escudería más tramposa de la F1, y se dejó caer en McLaren, seguido de su cohorte de acérrimos, que opinaban sobre Ferrari exactamente igual que Fernando, compartiendo además las nuevas afirmaciones de Alonso sobre McLaren “un equipo que nada tiene que envidiar a Ferrari”. Pasó lo que pasó y el equipo de Woking pasó a ocupar un lugar maldito en los altares personales de cada uno de los seguidores de Alonso, siendo más vapuleado por muchos de estos seguidores que por el propio piloto asturiano. Entonces, y solo entonces, para la afición alonsista y para el mismo Alonso, la meta de cualquier piloto de F1 sería pilotar en Ferrari, llegando a afirmar muy imprudentemente el de Asturias que su último equipo en la F1 sería la escudería del cavallino rampante.
Pero como no es mi intención rememorar desgastadas historias del pasado, me centraré en el presente. Alonso se presentó en Ferrari y su primera vuelta en un coche de la marca fue para que el patriarca sanguijuela, Montezemolo, lo dejase varado cual ballenato en la puzolana. Mal empezábamos. Siguiente aparición: las bolitas de nieve en la Madona del Campillo. Todo felicidad y buenos sentimientos familiares, donde los enemigos de antaño se reconcilian y se arrojan proyectiles de nieve con una piedra alojada en su interior. Paseos con perritos, pasta para desayunar, almorzar y cenar, algo de esquí y muchas, muchas, demasiadas ruedas de prensa ¡Pinches huevones! ¿Cuándo carajo se van a poner a trabajar?
Pues se pusieron a ello, y saltaron al asfalto de Cheste, y fueron los mejores. Sus rivales los veían de lejos y rápidamente comenzaron a dispararse los vaticinios de aficionados y prensa: Alonso asusta, nadie puede con Alonso, los Ferrari imparables... ya se veían campeones.
Y tuvo que salir la sensatez a escena ante semejante aluvión de pretensiones de realeza, y el primero en salir a escena fue el mismo Alonso, acto que le honra, pidiendo prudencia a sus aficionados y explicando lo evidente para muchos… y desconocido para otros: los tests de Cheste fueron una primera toma de contacto con el monoplaza, para sentirse a gusto con el bólido. Probaron con diferentes cargas de combustible y ni tuvieron puñetera idea de con cuántos kilos salían sus rivales a pista. Rápidamente, el Team Principal de Ferrari, la marioneta de Montezemolo, Domenicalli, saltó a los medios de comunicación pidiendo también calma a los aficionados, explicando que los primeros tests de mejora del vehículo serán en el circuito de Jerez, donde trabajarán ya los diferentes aspectos de configuración del F10.
Pero la moneda está en el aire y los aficionados ya tienen la idea en la cabeza de que Alonso será campeón sí o sí, incluso ya le ven batiendo el record de Schumacher y convirtiéndose de forma indiscutible en el mejor piloto de todos los tiempos habidos y por haber. Si con dos campeonatos ganados, ya lo ponen de tú a tú con Schumacher, con siete no hay lugar a la duda.
A ver, que me estoy calentando. Hay una cosa que me ha molestado… sí, molestado, sobre estos tests en Cheste, y ha sido ver a 50.000 personas en los graderíos de Cheste. En España somos los que estamos a la cola de Europa en casi todo, y económicamente no iba a ser excepción, con unas cifras de paro que alcanzan a cuatro millones de personas. Ver en la mañana de un día de diario a 50.000 individuos que deberían estar trabajando, estudiando o buscando trabajo, me dio pena, rabia, desesperación por comprobar que lo que realmente mueve a la gente no es la necesidad sino la pasión. Tranquilos, que ya seguiremos cuatro primos trabajando y pagando impuestos como cabrones para sufragar el subsidio de desempleo de los aficionados de la F1 españoles. Y pensar que un solo céntimo de mis impuestos habrá servido para que un ocioso esté satisfecho viendo a los monoplazas de F1, mientras los gilipollas de turno estamos en nuestro puesto de trabajo generando dinero para esos subsidios de desempleo… me descorazona la cerrazón y las prioridades de la gente, que prefiere divertirse mientras deberían estar haciendo algo más productivo para sus propias familias.
Y seguimos (perdón por el arranque, sobre todo a los que pidieron vacaciones y a los que tienen turnos de trabajo y estudios que les permitieron asistir al evento). Ahora son las casas de apuestas las que dan por hecho que el próximo campeón del mundo será Fernando Alonso, y con diferencia, pues invertir hoy un solo euro a favor de Alonso, nos dará 2,75€, muy por encima de Hamilton y Schumacher, con los que obtendríamos 5,50€. Pues eso, más leña al fuego. Pero pesimista yo, me pongo a recordar que hace exactamente un año, Fernando Alonso estaba marcando unos tiempos espectaculares con su furgoneta del rombo, realizando después una temporada que rozó el ridículo, pues cosechar semejantes resultados un campeón del mundo, llamado a continuar su gradeza y lejos del ocaso al que pertenecen pilotos como Villeneuve, es bordear la sátira.
Por cierto, apostar 3000€ a Kobayashi nos haría ganar 300.000€. No está mal y, aunque improbable para 2010, la apuesta no es disparatada, de hecho, algún día el japonés será campeón en la F1, y quién sabe si no será el piloto que saque a patadas del Vaticano al Papa Alonso.
Espectáculo, eso es lo que quiero ver en la F1, y no una época como la dorada de Schumacher en la que un tipo se pasea por las pistas ganando todas las carreras que le venían en gana y dejando de vez en cuando saborear las mieles del triunfo a Barrichello. No, eso no es F1. Yo quiero ver a Alonso ganando hoy, y mañana ver al asturiano pegándose en la pista con Hamilton, con mejor o peor suerte. Lo más espectacular que vemos en la F1 actual es a las pitbabes, lo cual dice mucho sobre lo que vemos en la pista. Quiero ver lucha en el asfalto, alternancia, pasión, superioridad hoy de uno y mañana de otro, porque eso alimentará la incertidumbre en las carreras, que recordemos es el alma de este espectáculo, lo impredecible. Lo contrario mata el espectáculo.
Todos tenemos preferencias y no creo que sea cosa mala la simpatía por uno u otro fulano, pero comportarnos como colegialas fanáticas solo nos llevará a volver la espalda a la verdadera esencia del espectáculo y al desgaste del ídolo, moviéndose todas las masas a acariciar a otro adonis emergente llegado el momento, que hará quedarse casi en solitario al defenestrado. Ésos que permanezcan con él, sin duda serán incondicionales totalmente dignos de la mayor consideración y respeto.
